Pediatras Escritores

febrero 15, 2026

MISAEL Y EL FUTURO

María del Carmen Maqueo Garza

Misael era un joven preparatoriano de 16 años, deportista, amiguero y rescatista de gatos. ¿Su desgracia? Vivir en Sinaloa, donde se ha vuelto un riesgo estar con vida.

En estos días se lleva a cabo el Carnaval en las diversas ciudades tropicales de nuestro país: Es una tradición arraigada en el puerto de Veracruz, así como en Mazatlán. Este año los propios mazatlecos han venido desanimando al turismo a asistir a la tradicional fiesta previa al inicio de la Cuaresma católica, dado el riesgo potencial que se corre en dicho puerto. En cuestión de semanas fueron levantados diez especialistas en minería, de los cuales al menos cinco de ellos han sido localizados sin vida. Casi de manera simultánea, un grupo de cinco turistas nacionales fue ejecutado, y además se detectó una osamenta en una fosa clandestina.

Nos hemos venido acostumbrando a convivir de esta forma con la muerte. A enterarnos vía redes sociales y lo que se alcanza a filtrar a los medios tradicionales, después de las sugerencias de parte del gobierno para evitar cargar la nota roja en los diarios impresos. Como si no reportar la magnitud de los hechos de sangre contribuyera a disminuir las tasas reales de actos violentos.

Aparte de ello, se utiliza el lenguaje para despojar a la narrativa de gravedad: Dejar de mencionar hechos que suceden, o atribuirlos a causas que no son, pareciera una forma de restar responsabilidad a las instancias gubernamentales.

Misael salió caminando de su casa a comprar un biberón para su gatito recién adoptado. Una actividad muy normal para cualquier chico que ama la vida y que desea poner su granito de arena a favor de esta. Algo que denota sensibilidad y empatía de su parte. Así nada más fue acribillado por integrantes de un grupo del crimen organizado; ahora la versión oficial es que lo confundieron con un delincuente de un grupo contrario, y por eso lo asesinaron. Es más cómodo ⸺supongo⸺, clasificarlo así, archivar la carpeta de investigación en un cajón y seguir adelante, como si nada hubiera sucedido.

Difícilmente los mexicanos nos percatamos de la serie de pequeñas acciones que llevamos a cabo o que evitamos de forma cotidiana, en pro de nuestra seguridad personal.  Ante una llamada proveniente de un número desconocido, o no contestamos, o lo hacemos sin pronunciar palabra, hasta que quien llama exprese el motivo de su llamada. Si vamos al cajero procuramos hacerlo a uno anexo al banco, en horas hábiles y cuidando que haya gente alrededor, y evitamos aproximarnos si percibimos la presencia de cualquiera que nos resulte sospechoso. Cuando nos desplazamos en nuestro vehículo, nos aseguramos de hacerlo con los seguros puestos, los vidrios levantados y procurando no quedar encajonados entre dos vehículos mientras hacemos alto en un semáforo, para, en un dado caso, poder huir. Cuidamos no dejar objetos en el interior del vehículo, y las mujeres hasta evitamos traer nuestro bolso de mano en alguno de los asientos, preferimos colocarlo en el suelo del vehículo, para no llamar la atención de algún vivales. Son infinidad de pequeños detalles cotidianos que nosotros ya hacemos por costumbre, pero que alguien llegado de otro país no tendría la precaución de seguir, de modo que resultaría fácilmente vulnerado.

En México hay poblaciones con una mayor percepción de inseguridad. Según la medición del INEGI 2025, Culiacán, Sinaloa se halla en primer lugar; ahora vemos que Mazatlán no se queda atrás. Viajar a esos lugares por absoluta necesidad es correr un riesgo alto, pero finalmente necesario; hacerlo por diversión, como sería el caso del carnaval, es un peligro que no tiene mucho sentido correr. Muy lamentable que se sume a la lista de ciudades cuyo nivel de inseguridad las coloca fuera de los sitios de interés turístico, tanto para nacionales como para extranjeros, y que lleva a ir perdiendo tradiciones muy nuestras.

Doloroso descubrir que las calles de nuestro México, en muchas localidades, han dejado de ser sitios para jóvenes como Misael, que desean vivir su vida con libertad y seguridad. Que buscan definirse como personas, probar en esa etapa sus deseos y capacidades, y así trazar un futuro prometedor para ellos mismos.

¿Qué nos toca hacer a los ciudadanos comunes, que no participamos desde un puesto político? Lo primero sería no adormecernos frente a lo que ocurre, no dejarnos arrullar por el canto de las sirenas. Lo siguiente, mantenernos con los ojos abiertos para señalar y, de ser posible, actuar por corregir lo que sucede, recordando que la gran inseguridad que vivimos comienza en el seno familiar, en nuestra cuadra, en la escuela de nuestros hijos. En pequeñas irregularidades que preferimos ignorar…

Descanse en paz Misael. Veamos por el futuro de jóvenes como él en todo México.

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febrero 15, 2026

MI DEDO PULGAR Y LA INDIFERENCIA

María del Carmen Maqueo Garza

A causa del frío la piel sufre cambios, más con la edad. Mi dedo pulgar derecho presenta una pequeña herida, que me ha llevado a un par de reflexiones que deseo compartir: La primera tiene que ver con el dolor. Siendo una herida de pocos milímetros de longitud y sin signos de infección, genera un dolor que me recuerda continuamente su existencia. La segunda reflexión requiere una mayor amplitud para expresarla:

Me llama poderosamente la atención la forma como una simple alteración de la piel, el tejido más extenso del cuerpo llega a generar cambios funcionales: El dedo me duele si ejerzo presión contra algún objeto, como puede ser el teclado de la computadora o al tomar algo con la mano.  A partir de ello, mi desempeño global se modifica: habrá cosas que de momento no puedo hacer con igual efectividad que antes. Afortunadamente es algo transitorio que se resolverá con la aplicación de crema hidratante, la piel se regenerará y todo volverá a su estado normal.

Lo anterior me llevó a pensar, entonces, que esta pequeñísima herida de mi dedo pulgar derecho podría compararse con una disfunción social que aparece en un grupo humano. Si no se corrige oportunamente, puede llevar a que esa pequeña parte del grupo ya no funcione como lo hacía previamente. Se generarán complicaciones y contaminación. Como no estamos resolviendo esa primera alteración, irán apareciendo otras lesiones similares o mayores, que dañarán todo el tejido social conforme pase el tiempo.

Digo lo anterior porque, si analizamos un poco nuestro proceder como sociedad, debemos confesar que en muchos aspectos somos demasiado flexibles frente a conductas ilícitas. Fácilmente justificamos o ignoramos lo que ocurre en nuestro entorno con el argumento de que, mientras no nos afecte directamente, no nos toca buscarle solución. Me recuerda aquel famoso fragmento del pastor luterano Martin Niemöller: «Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada… Luego vinieron por los judíos, y no dije nada… Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí». Palabras a propósito de lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, que dan cuenta de lo que acontece cuando no nos involucramos en la problemática social de nuestro entorno.

Nota de estos días ha sido la detención del presidente municipal de Tequila, Jalisco, Diego Rivera Navarro, sobre el que pesaban, desde inicios de su mandato, acusaciones de extorsión a tequileros y cerveceros, violencia en razón de género y abuso de autoridad. Había puesto a una importante tequilera al borde de la quiebra exigiendo aranceles millonarios, y además había llevado a cabo la apropiación ilegal para sus fines personales del Museo Nacional del Tequila, que había convertido en residencia particular y sede de algunas dependencias municipales. Desde antes de su toma de posesión en el 2024 se le había relacionado con un cartel del crimen organizado.

Un personaje así generaba, a los ciudadanos que no vivimos en Tequila, desde curiosidad y hasta ⸺me atrevo a decir⸺ simpatía por osado, partiendo de que no nos afectaba directamente. Claro, a menos que tuviéramos programado un viaje a tierras jaliscienses y se afectara nuestro recorrido turístico.

Lo anterior me remite a las limitaciones de tránsito por el territorio nacional a causa del crimen organizado. Siendo niña tuve el privilegio de conocer prácticamente todo el país en viajes por tierra en el vehículo familiar. Mis padres organizaban un programa que incluía grandes capitales y diversos pueblos pintorescos (en ese tiempo no existía la denominación de “pueblos mágicos”). Ello me permitió conocer y aprender a apreciar lo nuestro de una forma muy cercana y completa. Hoy difícilmente podría hacerse un viaje de esa naturaleza.

Y vuelvo al planteamiento inicial: La primera pequeña herida que se dio en algún lugar de la república la desestimamos. Afectó a los inmediatos, pero a nosotros no, así que la ignoramos. El asunto fue avanzando y generalizándose, y comenzó a contaminar muchos otros segmentos del tejido social, como si, volviendo a la herida de mi pulgar derecho, yo la ignorara, de manera que comenzara a progresar en profundidad y extensión, afectando otras estructuras, cada vez de manera más aparatosa, hasta llevar al riesgo de un colapso sistémico por falta de atención.

Nuestra sociedad está muy afectada por la propagación del grave mal que se originó en esa pequeña herida inicial que no atendimos. La indiferencia que mostramos frente a lo que viene sucediendo ha condicionado que aquello avance. El asunto es que, de seguir así, terminará afectándonos directamente a todos, en nuestra persona, nuestra familia o nuestro patrimonio.

Hay cura para ello: El primer paso es arrancarnos la venda de la indiferencia.

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febrero 15, 2026

La Amistad es una relación afectiva entre dos o más personas. Se trata de una de las relaciones interpersonales más comunes que la mayoría de las personas tienen en la vida. La amistad tiene presencia en distintas etapas de la vida y en diferentes grados de importancia y trascendencia. Las amistades en la infancia pueden ayudar en el desarrollo de ciertas habilidades: el aprendizaje de diferentes técnicas de resolución de problemas; los amigos ayudan a los niños a empezar a descubrir quienes son fuera de la familia (autoestima); anima a los niños a ir más allá del interés propio (empatía). En la adolescencia, las amistades se vuelven «más dadas, compartidas, francas, solidarias y espontáneas». Los adolescentes tienden a buscar compañeros que puedan proporcionar tales cualidades en una relación recíproca y a evitar compañeros cuyo comportamiento problemático sugiera que pueden no ser capaces de satisfacer estas necesidades. La amistad en la edad adulta proporciona compañía, afecto y apoyo emocional, y contribuye positivamente al bienestar mental y a la mejora de la salud física. La amistad es un afecto muy hondo; es un lazo muy estrecho; es un sentimiento desinteresado y recíproco; un cariño tan intenso, tan firme, tan duradero, tan lleno de abnegación que es capaz de cualquier sacrificio y llegar, en ocasiones al heroísmo. Gibrán Jalil Gibrán, 1883-1931, poeta, pintor, novelista y ensayista libanés en su libro «El profeta», 1923, en el capítulo titulado «La amistad» reflexiona sobre el verdadero sentido de la amistad, señalando que el amigo no debe ser buscado como simple entretenimiento, sino como una presencia que enriquece la vida y acompaña en la plenitud de los momentos. La amistad es un vínculo esencial, basado en la confianza y respeto mutuo. La amistad se prueba en los momentos de adversidad, no de felicidad. Según los grandes pensadores, la amistad se edifica sobre pilares esenciales que aseguran su durabilidad. El verdadero secreto de un vínculo duradero reside en tres elementos fundamentales: confianza, comunicación y compromiso. Para Jorge Bucay, La Amistad es una pasión que se caracteriza por su misterio e intimidad. Sostiene que no solo es una relación entre dos personas, sino que también implica una conexión profunda que permite compartir experiencia y emociones. Destaca que la amistad es un camino de autodescubrimiento y que al final, es el principal responsable de lo que sucede en nuestras vidas. Enfatiza que la amistad no es solo un vínculo emocional, sino que también puede ser un puente hacia la conexión con otros, lo que resalta su importancia en la vida humana. Para Paolo Coelho, la amistad es un amor que nunca se apaga y un alma que habita en dos cuerpos. La verdadera amistad es un pacto entre almas y se cultiva con amor y respeto. Los amigos son la familia que elegimos y cada amigo representa un mundo en nosotros. Su enfoque sobre la amistad se centra en la conexión y calidad de los lazos más que en el número de amigos.
Antoine de Saint-Exupéry (El principito): «La Amistad es lo más difícil de explicar en el mundo. No es algo que aprendes en la escuela..Pero si no has aprendido el significado de la amistad, no has aprendido nada».
Dr. Efraín Regalado Sánchez

febrero 1, 2026

William Gerald Golding, 1911-1993,. fue un novelista y poeta británico ganador del Premio Nobel de Literatura en 1983, célebre por su obra «El señor de las moscas», de estilo alegórico, explora la naturaleza humana, la violencia y la fragilidad de la civilización, influida por su experiencia en la Segunda Guerra Mundial. Autor también de «Los herederos» y la trilogía «Ritos de paso», entre otras. Fue nombrado caballero de la Orden del Imperio Británico en 1988. En 1952 empieza a trabajar en una novela titulada Stranger from Within (Extraños desde el interior) que después fue rechazada por varios editores, publicada en 1954 con el título Lord of the Flies (El señor de las moscas), su obra emblemática y conocida. Esta obra trata de lo que puede llegar a hacer el ser humano en situaciones tan dramáticas como el estar perdidos en una isla. En el anuncio de la elección, el jurado del Premio Nobel expresó: «Las novelas e historias de William Golding no solo son sombrías enseñanzas morales u oscuros mitos sobre el mal y las fuerzas de traición y destrucción. También son relatos llenos de aventuras y calor que pueden ser disfrutados como tales, por su alegría narrativa, inventiva y emoción. Sus obras, con la perspicacia de la narrativa realista, y la diversidad y universalidad del mito, iluminan la condición humana del mundo actual». A pesar de su reputación de pesimista acerca de la naturaleza humana, tiene fe en la victoria final del bien en la historia.: «Creo  que el bien vencerá finalmente al mal. No sé cómo, pero tengo fe en la victoria. No soy un teólogo ni un filósofo, sino un narrador de historias. Básicamente soy optimista. Intelectualmente puedo ver que el equilibrio del hombre se encuentra 50%-50%, y sus posibilidades de estallar son de una a una. No puedo contemplar esto más que intelectualmente. Simplemente soy incapaz de creer que esto pase. Esto significa que soy por naturaleza un optimista y por convicción intelectual un pesimista, supongo». El libro El señor de las moscas, se considera un clásico de la literatura inglesa. Es una novela que admite lecturas diferentes e incluso opuestas: Durante una guerra, un avión en el que viajan unos estudiantes británicos sufre un accidente a causa de una fuerte tormenta, estrellándose contra una isla desierta, en donde los únicos supervivientes son los niños pasajeros, quienes se ven obligados a sobrevivir sin ningún adulto pues el único adulto era el piloto del avión, muerto en el accidente. La ausencia de normas y límites hacen que la lógica y la serenidad de los jóvenes vayan desapareciendo al dejar paso a la faceta más salvaje del ser humano. En diciembre de 1992 fue intervenido quirúrgicamente de un melanoma maligno de la cara. Comienza a escribir una nueva novela, The Double Penetration (La lengua oculta, ambientada en Delfos durante el imperio romano), que deja inacabada al morir de un infarto el 19 de junio de 1993, y se publica postmortem en 1996. Escritores reconocidos han tenido opiniones variadas sobre la obra. Sin embargo, la obra ha sido objeto de adaptaciones teatrales y cinematográficas, lo que muestra su relevancia continua.
William Golding: «El ser humano es inherentemente malvado, solo la sociedad la que nos obliga a comportarnos»
Dr. Erfraín Regalado Sánchez.

febrero 1, 2026

LOS 45 DEL TREN

María del Carmen Maqueo Garza

Las redes sociales constituyen un medio a través del cual logramos conectarnos con el mundo. Lo que antes de la era digital llevaría tiempo para llegar a nosotros, hoy en día está a la distancia de un clic, asunto con sus aristas, que fácilmente nos predispone a la hiperinformación o a las llamadas “fake news”. Sin embargo, esto último sería objeto de una colaboración aparte. Hoy me quiero referir a la facilidad con que eventos que ocurren del otro lado del mundo, llegan a nuestras pantallas con un solo clic, y, como sería el caso al que voy a referirme, nos hermanan.

El choque de trenes ocurrido en Córdoba, al sur de España, y que cobró 45 víctimas mortales, se considera la mayor tragedia de este tipo más importante de aquel país, después de la ocurrida en el 2013.  La noticia se difundió casi en tiempo real, dándose a conocer las dificultades para el rescate de personas heridas en el sitio del siniestro, debido a lo retorcido de las estructuras metálicas tras la colisión.

Pude seguir la publicación que hace Antena Huelva del discurso de Liliana Sáenz, hija de una víctima mortal, tras la misa fúnebre que se ofreció en Adamuz. Ella habla de “los 45 del tren” para exaltar su condición de seres humanos con familia, con sueños y propósitos por cumplir. Habla además de 45 familias enlutadas, que en estos momentos no saben cómo van a salir adelante sin sus seres queridos. En el caso de Liliana, ahora sin su madre, quien pereció en el sitio del accidente. Además, agradece de manera sobrada a los habitantes y las fuerzas especiales de Adamuz, su participación en el rescate.

Es una pieza de oratoria excelsa, escrita desde el dolor y la demanda por la verdad. No con ira sino con confianza de que las indagatorias logren esclarecer cómo ocurrió este choque de trenes, que los expertos, hasta ahora, no logran explicarse.

Me llama la atención la presencia de los reyes de España quienes se sumaron a la ovación de pie que se ofreció a Liliana tras su participación. Reconfortante observar cómo ambos se acercaron a los grupos de afectados para ofrecer sus condolencias.

En lo personal miro con agrado la forma en que la iglesia y el estado se unen ante una tragedia de tal magnitud para buscar un consuelo que alivie a las víctimas, tanto los heridos, varios de los cuales estuvieron presentes en el acto religioso, como a los deudos de las víctimas mortales. Sé que en nuestro país la Constitución mandata que el estado sea laico, aunque luego veamos que los propios gobernantes violan este mandato practicando ceremonias prehispánicas de invocación a Quetzalcóatl.

A propósito del tema, entiendo que la laicidad fue incluida en tiempos de la Reforma para impedir que los ministros de culto influyeran en las decisiones ciudadanas, aunque a ratos me pregunto, con el debido respeto a la memoria del Benemérito, si fue la mejor decisión.

Volviendo a España: El discurso transmitido por Antena Huelva en su sitio de X forma parte de uno de los tres homenajes que se hacen a las víctimas del accidente, además de que se declaró luto nacional por tres días. En otra de las ceremonias participó el presidente Pedro Sánchez, dando de este modo la real relevancia que debe tener un asunto de tal envergadura. Supongo que, para los dolientes, pese al dolor que les deja la intempestiva partida de sus seres queridos, les queda el consuelo de que las máximas autoridades civiles y eclesiásticas se unen para acompañarlos en su dolor. Seguramente seguirá siendo igual de hondo, pero al menos con el alivio de no sentirse solos.

A ratos los mexicanos sentimos que no se tienen muy en cuenta, por parte de los gobernantes, nuestras necesidades. Como que las decisiones se toman de modo discrecional, y no precisamente enfocadas en el bienestar de los gobernados, sino más bien protegiendo intereses particulares de figuras afines al partido en el gobierno. El descarrilamiento del tren Interoceánico, que ya se había advertido que podría suceder, no produjo igual cantidad de muertos que el español, pero ¡vaya!, con una sola vida que se hubiera perdido, sería suficiente para despertar la sensibilidad de nuestras autoridades, que parecen dedicar más tiempo y esfuerzo en comunicarse con Corea del sur para conseguir que se amplíen las presentaciones de un popular grupo de música k-pop, que, digamos, para condolerse por la masacre ocurrida en Salamanca, Guanajuato, donde acribillaron a civiles en un juego deportivo, con saldo mortal de 11 víctimas.

Con esta pieza funeraria en la que se honra la vida de los fallecidos y el intenso dolor de su partida, a la vez que se externa el reclamo de indagatorias que lleven a explicar lo ocurrido con claridad y suficiencia, queda en evidencia cuál debe de ser el verdadero peso de la participación ciudadana.

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enero 25, 2026

Javier Cercas es un novelista español de 63 años, escritor y académico, miembro de la Real Academia Española desde 2024. Reconocido internacionalmente por novelas que exploran la frontera entre realidad y ficción como El móvil (1987), Soldados de Salamina (2001),  Anatomía de un instante (2009) o Terra Alta (2019), entre muchas otras. Se licenció en Filología hispánica y más tarde se doctoró en la misma especialidad en Barcelona. Su obra literaria ha sido traducida a más de 30 lenguas. Ha dicho que su ideal son las novelas «fáciles de leer y difíciles de entender» como es el caso de Don Quijote de la Mancha, su novela favorita. Reconoce que para él los dos autores más importantes en la literatura son Borges y Franz Kafka. Sus novelas y crónicas suelen poseer un fuerte contenido político, por lo que se le considera como autor con tendencias izquierdistas. Sus obras han obtenido en todo el mundo importantes galardones, entre otros, el Premio Nacional de Narrativa de España (2010), el Grinzane Cavour en Italia. En su último libro, titulado «El loco de Dios en el fin del mundo», Premio al Libro Europeo  por el Parlamento Europeo en Bruselas, 2025, explora la fe y la vida a través de la experiencia del autor al acompañar al papa Francisco en un viaje a Mongolia. Lorenzo Fazzini responsable de la editorial de la Santa Sede le comunicó que el papa Francisco viajará a Mongolia y que en el Vaticano habían pensado en él para que escribiera un libro sobre el viaje, sobre el papa, sobre la Iglesia, sobre el Vaticano, sobre lo que él quisiera -Pero oiga, ¿No saben ustedes que yo soy un tipo peligroso?. En una página previa al inicio propiamente de la lectura del libro, expuso lo siguiente: «Soy ateo. Soy anticlerical. Soy un laicista militante, un racionalista contumaz, un impío riguroso.Pero aquí me tienen, volando en dirección a Mongolia con el anciano vicario de Cristo en la Tierra, dispuesto a interrogarle sobre la resurrección de la carne y la vida eterna. Por eso me he embarcado en este avión: para preguntarle al papa Francisco si mi madre verá a mi padre más allá de la muerte, y para llevarle a mi madre su respuesta. He aquí a un loco sin Dios persiguiendo al loco de Dios hasta el fin del mundo». El papa Francisco no se llama en realidad Francisco. Se llama Jorge Mario Bergoglio. Francisco es el nombre que se puso justo después de su nombramiento como papa, siguiendo una tradición onomástica que se  generalizó  en la Iglesia  durante el siglo XI, tras el pontificado de Sergio IV: desde entonces, ningún papa se llama como se llama; se llama como se elige llamarse. Javier Cercas describe su libro «El loco de Dios en el fin del mundo» como una novela «sin ficción», donde intenta despojarse de prejuicios para entender mejor la complejidad de la fe católica. A través de su narrativa, aborda temas universales como la espiritualidad, la muerte y el sentido de la vida, convirtiendo su experiencia en un relato reflexivo y provocador. Con esta obra, consigue enlazar sus obsesiones íntimas con una de las preocupaciones fundamentales de la sociedad actual: el papel en la vida humana de lo espiritual y lo trascendente, el lugar en ella de la religión y en ansia de inmortalidad.
Javier Cercas: «Elijo rodearme de personas que suman, de humanos transparentes, de almas de noble corazón, de caras que no fingen, de bocas que no mienten, de cabezas pensantes, de amigos que abrazan con sinceridad, bondad y amor.»
Dr. Efraín Regalado Sánchez

enero 25, 2026

ORÁN SIGLO VEINTIUNO

María del Carmen Maqueo Garza

La Medicina avanza a pasos agigantados en varias de sus ramas. La combinación de ciencia y tecnología da por resultado el desarrollo de recursos diagnósticos y terapéuticos que hasta hace poco habrían sido una quimera.  La posibilidad de aplicar biológicos que prevengan el desarrollo de diversas enfermedades, en especial tumorales, abre una enorme ventana de oportunidad rumbo a una calidad de vida mayor y más prolongada. Potencias en Biotecnología como Reino Unido, Alemania, Japón, Cuba y los Estados Unidos de Norteamérica son pioneros en el desarrollo de dichos productos para la prevención de enfermedades que hasta hace poco eran mortales.

Quienes transitamos por este inicio del tercer milenio somos afortunados en contar con los procedimientos de atención y manejo de patologías que los libros de historia han catalogado como catastróficas. “La mañana del 16 de abril, el doctor Bernard Rieux, al salir de su habitación, tropezó con una rata muerta en medio del rellano de la escalera…” La pluma de Camus nos remite a una enfermedad grave que da forma a la que  ha sido su novela más conocida, escrita en 1940: “La peste”, un mal que, al menos para el mundo occidental, ha quedado en los anales de la crónica histórica en la que el escritor francés basó su novela.

Ahora bien, hay aspectos que, por desgracia, han ido en aumento en forma paralela con este mayor desarrollo biotecnológico. El trato que la figura del médico tiene hacia el paciente se ha venido perdiendo en gran medida, desplazando gran parte de la actuación humanista del galeno hacia procedimientos de laboratorio y gabinete, de gran especificidad ⸺ni quien pueda dudarlo⸺, pero que en manera alguna sustituyen el acierto maravilloso de la clínica.

En los años setenta del siglo pasado, durante mi formación médica en la facultad de la UAdeC en Torreón, tuve maestros maravillosos que me enseñaron a abordar al paciente en forma integral, tomando en cuenta todas las esferas que le componen.  Uno de ellos, que recuerdo con especial cariño y admiración, fue el doctor Alfonso Arauz (+), cardiólogo formado en Francia, quien nos imbuyó la importancia de observar con detenimiento al paciente, hablar con él y explorarlo, como consigna fundamental para la integración de un diagnóstico. Su trato empático hacia los pacientes de condición más humilde, colocándose en su misma sintonía, me dejó grandes enseñanzas respecto a la clínica como base de la práctica médica.

En la actualidad, ya no como médico en activo, sino ocasionalmente como paciente, me toca vivir el otro lado de la Medicina y toparme con grandes y maravillosos procedimientos que permiten al profesional asomarse a la intimidad celular hasta entender qué está sucediendo, para explicar los síntomas y signos que presenta el paciente. Sin embargo, sí he atestiguado que gran parte de esa conexión humana del médico con el paciente se ha perdido, llegando en ciertos casos a ser prácticamente nula.

Desde mis años de preparatoria entendí que la Medicina, al igual que la vida religiosa y la magisterial, constituyen misiones sagradas que se asumen con total dedicación y entrega. Hoy parece que las cosas han ido cambiando, al menos en lo que respecta a la profesión médica, descargando una gran parte de la acuciosidad de los sentidos en recursos tecnológicos que, más que complementarlo, hacen el diagnóstico y marcan una distancia entre la persona del galeno y la del paciente.

Volviendo al gran Albert Camus, leamos otra línea de la novela referida: “Rieux, intrigado, se decidió a comenzar sus visitas por los barrios extremos, donde habitaban sus clientes más pobres…” Bernard Rieux, el protagonista central de la novela, decide aplicar sus conocimientos científicos en esa población de Orán asolada por un número creciente de casos de enfermedad y muerte, y es a través de sus  entrevistas y revisiones a pobladores y pacientes que vamos descubriendo la epidemia, además de conocer el grado de compromiso hacia esa comunidad argelina en la que el autor ubica su narrativa ficcional. La obra no es una crónica histórica de un hecho real, pero sí nos revela las limitaciones de la ciencia en la época en que esta fue escrita. La fineza del ejercicio clínico de Rieux, la mayoría de las veces llevaba a un diagnóstico de aproximación muy válido, que muchas veces constituía la única información a partir de la cual se iniciaba un tratamiento exitoso.

Me congratulo por vivir como paciente en esta época de grandes avances tecnológicos que facilitan la medicina. Un consejo a los médicos que van egresando de la universidad: No se olviden de ejercer la profesión como misión sagrada, algo que sana al paciente y otorga a cada uno de ustedes una profunda razón para amar cada día más la carrera que han elegido.

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enero 18, 2026

PANTALLA, RELOJ Y VIDA

María del Carmen Maqueo Garza

Apenas nos percatamos y ha pasado más de la mitad de enero del 2026. Se repite en cada uno de nosotros esa sensación de que el tiempo vuela, que lo hace con mayor velocidad que antes, y nos damos por sorprendidos. Habría que analizar entonces qué elementos intervienen para que esa sensación se vuelva cada año más intensa para cada uno de nosotros.

Algún estudioso de las redes sociales –lamentablemente no recuerdo quién—afirma que en gran medida esa sensación de que el tiempo vuela está muy relacionada con cuánto de él utilizamos frente a pantalla, probablemente desde que abrimos los ojos por la mañana, hasta que vamos a dormir por la noche. Además, hay una ley (Weber) que establece que, entre más edad tenemos, más rápido sentimos que pasa el tiempo.

Esta mañana amanecí haciendo fila en el exterior de una institución. Supuse que abría a las 8.30, hora en la que llegué, pero en realidad abría hasta las 9. Me coloqué detrás del primer cliente con el clásico “buenos días”, pensando en que, como es costumbre en provincia, de una plática casual hallaríamos suficiente material para pasar esos treinta minutos platicando sobre algún tema común a ambos. Me ha sucedido en otras ocasiones y he adquirido grandes conocimientos de esos personajes urbanos que nos topamos por casualidad en algún sitio público.

Esta vez no fue el caso. Me fallaron los cálculos de que un señor con una edad próxima a la mía aceptaría un diálogo improvisado para ocupar esa media hora. Tras mi segunda pregunta simplemente me ignoró y retomó lo que venía haciendo desde que me aproximé a él: Deslizando su pulgar izquierdo sobre la pantalla de su teléfono móvil. Pasó de una receta de tizanas para la tos a base de clavo de olor, canela y limón, a otra de medicamentos naturales para prevenir el alza de colesterol y triglicéridos. Siguió una amplia explicación de una “influencer” respecto al modo como decidió reparar el motor de su vehículo, pasando por descalificaciones a la persona de una senadora de la república, que la de la voz catalogó de “roba maridos”. Entre una cosa y otra algún tik-tok chistoso con esas risas de fondo que a cualquiera irritan. Siguió otro creador digital hablando sobre alguna iniciativa del gobierno de México y su repercusión internacional.

Fue imposible sustraerme a los sonidos del aparato celular del vecino. Tal vez se me escapen un par de contenidos “scrolleados” por él, pero eso sí, lo que más me impresionó, y debo ser honesta, no me había percatado de algo similar en otros momentos, fue la forma como el dueño de la pantalla interactuaba con ella, mediante risas discretas en respuesta a lo observado, otras más sonoras, y hasta contestándole a alguno de los personajes que aparecían en la pantalla, con expresiones de solidaridad a lo expresado.

Una sola palabra vino a mi mente: “Enajenación”. Fue evidente la manera como un aparato de 15X8 centímetros logra absorber totalmente la atención de un ser humano; cómo lo aísla del mundo exterior y lo vuelve indiferente a todo lo que ocurra en derredor suyo. Claro, este era el caso de un individuo que ocupaba su tiempo de espera de esta forma. Pero entonces surge la inquietud: ¿El mecanismo operará con igual intensidad en una madre de familia mientras está con sus hijos? ¿O absorberá de modo similar la atención de un niño pequeño, que deja de relacionarse con el mundo real sumido en una pantalla?

La observación improvisada de laboratorio callejero que llevé a cabo esta mañana me detonó infinidad de preguntas por responder. Y claro, me explicó en buena medida la razón por la que solemos sentir que el tiempo avanza más rápido que nunca en nuestras vidas. Los conocedores hablan de que la falta de novedad en nuestras percepciones nos lleva a distorsionar el sentido del tiempo, dando la sensación de que su velocidad varía conforme a los estímulos que recibamos de nuestro derredor. Además de que los contenidos en redes sociales están hechos para que cada treinta segundos cambiemos de uno a otro, y así mantener fija nuestra atención en la pantalla.  O sea, estamos sometidos por un algoritmo perfectamente calculado por la ingeniería digital que nos atrapa. Es de ese modo como nuestra percepción del tiempo cambia, y cuando menos lo pensamos, ya estamos preparando las posadas. Nos preguntamos en qué se nos fue el tiempo de una forma tan sorprendente, y –para variar—recurrimos a la IA en busca de respuestas.

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enero 18, 2026

La Vanidad y Orgullo se relacionan estrechamente, pero son conceptos distintos. Arthur Schopenhauer, 1788-1860, filósofo alemán consideraba la vanidad como una debilidad del carácter humano: la veía como una forma de dependencia de la opinión ajena y un obstáculo para la verdadera libertad interior. Para él, la vanidad era un vicio ligado al egoísmo y a la ilusión, pues hacía que las personas buscaran reconocimiento externo en lugar de cultivar la autenticidad y la virtud. Según la RAE, es un sinónimo de arrogancia, presunción (ser presumido) y envanecimiento. El origen de la palabra vanidad se remonta a la vez del latín vanitas («fraude». «apariencia engañosa») derivada de vanus («hueco», «vacío» o «vano»). De modo que, la vanidad tiene que ver con la valoración de la apariencia, de lo superficial y lo efímero, o sea de las cosas menos importantes. Ariostóteles (385-223) calificaba a los vanidosos de necios e ignorantes que «se adornan con ropas, aderezos y cosas semejantes, y desean que su buena fortuna sea conocida por todos y hablan de ella creyendo que serán honrados. Honoré de Balzac, novelista francés del siglo XIX, manifestó que hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir. Hay que tener en cuenta que la persona vanidosa no nace, sino que se hace. En este caso, el estilo de crianza y las experiencias durante la infancia juegan un rol importante. Orgullo, es un sentimiento positivo que surge de la realización personal y de la autoestima. Se relaciona con la satisfacción por los logros y la confianza de uno mismo. El orgullo puede motivar a las personas a alcanzar nuevas metas y es considerado constructivo y positivo. El orgullo puede estar relacionado con aspectos personales, como el éxito en el trabajo ( la familia o incluso la cultura y la identidad de una persona) lo que impulsa a una persona a dar de sí lo mejor. Por otro lado, cuando se convierte en una forma de arrogancia, puede alienar a los demás y crear conflictos en las relaciones interpersonales. John C. Maxwell, escritor, orador,.pastor estadounidense, menciona que hay dos tipos de orgullo, bueno y malo. El «buen orgullo representa nuestra dignidad» y la autoestima. El «orgullo malo» es el pecado mortal de la superioridad que huele a presunción y arrogancia. El orgullo, como esa emoción y satisfacción por lo que somos, tenemos y hemos logrado, es natural en todo individuo. No obstante, cuando se convierte en una actitud arrogante que desprecia y humilla a los demás, deja de ser una cualidad normal para convertirse en un problema. Reconocer las fronteras  entre el orgullo sano y destructivo es clave para crecer como personas y compartir nuestros éxitos con los demás sin ser demasiado engreído. Este sentimiento no puede ser una barrera que nos separe de nuestros amigos, colegas o familiares.
Jane Austen: «La vanidad y el orgullo son cosas distintas, aunque muchas veces se usan como sinónimos. El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensaran de nosotros».
Dr. Efraín Regalado Sánchez

enero 18, 2026

SABBAT: METÁFORA DEL ÚLTIMO DÍA

María del Carmen Maqueo Garza

Dentro de mis primeras lecturas de este 2026 incluyo el libro “Gratitud” del médico y escritor británico Oliver Sacks, mejor conocido por su obra literaria basada en casos clínicos intitulada: “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”. Y la obra testimonial “Despertares” llevada a la pantalla bajo este mismo nombre, protagonizada por Robin Williams y Robert DeNiro. Este pequeño libro al cual hoy hago referencia consta de cuatro ensayos personales que Sacks escribió en los últimos años de su vida, cuando él, como médico, sabía que el final estaba cerca. Una parte del prólogo fue escrito por Bill Hyes, su compañero de vida en esa etapa final.

Es interesante el recuento personal que hace Oliver Sacks de su existencia, comenzando por una figura que fue muy significativa a lo largo de su vida: la tabla periódica de elementos, con la cual, en distintos momentos se sintió muy identificado. Sorprende el modo como conocimientos científicos duros pueden adquirir para Sacks una representación muy personal y viva. A sus ochenta años hace un recuento de los momentos grandiosos que ha vivido hasta entonces, así como de las dificultades que ha debido atravesar, y la forma como estas le han hecho crecer. Se alegra de haber alcanzado tal edad, con todo el enriquecimiento que ese cúmulo de años significa.

El segundo ensayo lo escribe un año después, en ese momento como paciente en tratamiento por un cáncer metastásico. Hace alusión a David Hume, filósofo y ensayista escocés, quien, en igualdad de circunstancias, escribió en un breve período su autobiografía para dejar un legado después de su muerte.  En este punto Sacks cobra conciencia de que muchos de sus contemporáneos han muerto y siente cada vez más cercano su propio final, pero a la vez se alegra de haber tenido la oportunidad de vivir como lo ha hecho.

En su tercer ensayo enfatiza notablemente su pasión por la tabla periódica de elementos y la forma como se identifica con esta. A sus ochenta y dos años, asume con mayor firmeza su condición de enfermo que pronto va a morir. Se nota en el escritor una actitud de aceptación frente a su propio destino, dispuesto a vivir esa última etapa de la mejor manera posible.

El último ensayo del libro se intitula “Sabbat”. En él hace un repaso de algo que nos venía expresando mediante guiños desde un inicio. Nació y creció en una familia judía ortodoxa, hijo de dos médicos que supieron combinar su quehacer profesional con el cumplimiento de las tradiciones religiosas que el judaísmo les impuso. Habla expresamente del choque familiar que vivió frente a sus padres, algunos años después de su bar mitzvá, al cumplir los dieciocho, y a pregunta expresa del padre revelar su homosexualidad, y cómo, luego de ello, decidió emigrar de Inglaterra a Norteamérica.

En este ensayo final Sacks narra una especie de reconciliación con su familia extendida a través de una experiencia del Sabbat con todos ellos, en lo que sería su último viaje a Jerusalén, esta vez acompañado de Billy, su compañero de vida. Nos revela cómo fue para él ese cerrar círculos, a partir de una metáfora del propio Sabbat judío en su vida personal, como el día de la semana en que hay que descansar, hacer una evaluación de lo conseguido en un período de tiempo determinado, y poder terminar sin cuentas pendientes.

Me parece un libro muy valioso que nos ubica en realidades que tantas veces eludimos: Somos humanos, mortales y no vamos a vivir para siempre. En nuestras tradiciones como mexicanos nos burlamos de la muerte y la caricaturizamos, pero muy en el fondo, debajo de esas capas de aparente burla, sentimos un miedo atroz a nuestra propia muerte. Nadie puede predecir cuándo llegará ese momento final.  Es una buena estrategia ir haciendo un alto periódico en el camino para medir qué hemos conseguido y cuáles cosas tenemos pendientes, para ocuparnos de ellas a la brevedad. Amanecer cada día –como aconsejan los filósofos orientales—preparándonos para morir, de modo que, llegado el momento, podamos partir con la tranquilidad de saber nuestra obra terminada, en disposición de descansar, como se vive, para ciertas religiones, el día dedicado a la reconciliación.

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