MONSIVÁIS Y LA SOLIDARIDAD
María del Carmen Maqueo Garza
Cuando esto escribo vengo regresando de entregar una papelería en un hospital del IMSS. Estos trámites, habitualmente, tardan un rato, por lo que suelo cargar con uno de mis libros “de bolsillo”, poco más grande que un teléfono celular, que cabe perfectamente en mi bolso de mano. Hoy me acompañó “No sin nosotros” del genio de la crónica Carlos Monsiváis.
La obra comienza con escenas del terremoto de 1985, que, a quienes tenemos edad para haberlo vivido siendo adultos, nos recordará una sola palabra que campeó por todo México. La palabra es “solidaridad”.
Monsiváis hace referencia a las condiciones en que se encontraba el país previo al terremoto, fundamentalmente desde 1952, atravesando períodos en los que el gobierno en turno ⸺en esos tiempos el PRI⸺ se las ingeniaba para controlar lo que ocurría en política a todos los niveles. Viene hablando de la inconformidad que se percibía entre la población en general, y las medidas coercitivas que llegaban a ser aplicadas hacia quienes se manifestaran en contra del sistema. Al inicio de la crónica vienen unas palabras que dan cuenta, acertadamente, del efecto que provocó en la población mexicana la llegada del sismo. Transcribo: “Por vez primera, sobre la marcha y organizadamente los que protestan se abocan a la solución y no a la espera melancólica de la solución de los problemas”. Dando cuenta de que representaba un parteaguas en tiempos en los que el civismo estaba convertido en poco más que una materia olvidada en los libros escolares.
Mi experiencia personal durante el sismo puedo recordarla como si la viviera en estos momentos: En la universidad en la cual formaba parte del profesorado, organizamos una recolección de alimentos no perecederos, medicamentos y ropa, para ser enviados a la hoy Ciudad de México. A pesar de la distancia entre ese punto geográfico y la franja fronteriza norte donde vivo, directivos, maestros y alumnos de la universidad nos organizamos para reunir y enviar ayuda en especie a través del DIF municipal. Las estaciones radiofónicas de la localidad brindaron un apoyo total para la difusión de la colecta, instando a los pobladores a llevar ayuda material. Era muy conmovedor ver llegar a familias completas con bolsas de mandado para apoyar la recolección. Incluso una tienda comercial del otro lado de la frontera contribuyó con un generoso donativo de alimentos enlatados. La información de lo que sucedía en la capital del país la recibíamos fundamentalmente a través de la televisión en cadena nacional. Permanecíamos vigilantes, en particular quienes teníamos familiares o conocidos que pudieran haber sufrido a causa del evento. A lo largo del día aparecían interminables listas en blanco y negro con nombres de personas sobrevivientes. Cualquier otro medio de comunicación estuvo caído durante los primeros días después del sismo y de su gran réplica 24 horas después.
Regresando a Monsiváis: Habla de la banalidad del gobierno frente al sismo, y de cómo desde la presidencia quisieron desanimar las iniciativas ciudadanas de participación, lo que no hizo más que alentar a la sociedad civil para redoblar sus esfuerzos. Se vencieron resistencias, se superaron miedos y en ese ánimo los capitalinos se lanzaron en cuadrillas que ellos mismos organizaron, a remover escombros en busca de sobrevivientes.
Dentro de ese mismo contexto Monsiváis habla sobre la matanza ocurrida en la Ciudad de México en el llamado “Halconazo” o “Jueves de Corpus” en julio de 1971. Alrededor de mil jóvenes habían sido capacitados como “Halcones”, paramilitares que atacaron a los estudiantes que se manifestaban de manera pacífica en apoyo a la UANL y a favor de la autonomía universitaria, lo que dejó alrededor de 225 muertos. Ese grupo de halcones en algo me recuerda a los jóvenes del bloque negro que a últimas fechas ataca durante marchas pacíficas.
Cuando los ciudadanos nos organizamos para emprender acciones de resistencia civil, no hay fuerza que nos contenga. El sismo del 85 hermanó a todos los mexicanos, desde cualquier rincón, en una misma causa, sintiendo que el dolor de los afectados era también nuestro dolor, y que debíamos de actuar para resolverlo.
Como sociedad hemos perdido mucha de la empatía que anteriormente nos caracterizaba, sumidos cada uno en su propia burbuja digital, con los sentidos aprisionados. Primamos nuestra satisfacción inmediata y absoluta, hasta de nimiedades, por encima de las urgentes necesidades vitales de nuestros hermanos. Quisiera tener de regreso entre nosotros a Carlos Monsiváis, para que dé un vistazo a nuestra sociedad mexicana del tercer milenio y nos desglose, uno a uno, los hilos que conforman esa madeja de terrible aislamiento progresivo que nos ha vuelto tan indiferentes unos con otros.
https://contraluzcoah.blogspot.com/
PARA MUESTRA UN BOTÓN
María del Carmen Maqueo Garza
Nuestro problema moral es la indiferencia del hombre consigo mismo:
Erich Fromm
Nuestro querido México presenta, de cuando en cuando, situaciones que dan cuenta del estado general de cosas en el país. Esta vez fue en la Pirámide de Teotihuacán, un individuo obviamente afectado de sus facultades mentales ingresa al sitio arqueológico provisto de armamento y municiones, y un megáfono. Escala media pirámide y desde ese punto comienza a querer dar órdenes a los visitantes en un tono agresivo, insistiendo en hacer valer sus argumentos bastante demenciales. Logra herir a varios, asesina a una turista extranjera, y cuando comienza a recibir disparos por parte de las fuerzas armadas, opta por suicidarse. El video que circula, tomado por algún amateur, es de gran crudeza.
El suceso es una fuerte sacudida en medio de todos los eventos cruentos que ocurren día a día, por más que las autoridades pretendan disimularlos. Ese continuo golpeteo a nuestro sistema nervioso termina por generar una indiferencia de unos para con otros, como escudo protector, lo que deviene en consecuencias negativas para todos. La violencia de los odios cruzados en redes sociales mina la integridad de cualquier sociedad. Conviene, entonces, dar una repasada de lo que es la ética dentro del periodismo. Para ello recordamos a expertos como el colombiano Javier Darío Restrepo, ya fallecido, quien publicó varios libros y un curso acerca de la ética periodística, material que se utiliza en la formación profesional de carrera, y que no está por demás procurar que se aplique a todos los niveles, entre personas dedicadas a la comunicación.
Restrepo estableció una serie de siete normas éticas a las que debiera apegarse el periodista en su labor: Comienza por la búsqueda de la verdad, algo que a ratos resulta tan difícil en estos tiempos de medias verdades o de verdades acomodaticias, que no reflejan la realidad concreta, sino la percepción personal y hasta sesgada de la realidad. Una segunda norma habla acerca de la honestidad, algo cada vez más difícil de lograr en un mundo que se inclina a favor de la conveniencia personal más que del proceder intachable. Una tercera norma se refiere al respeto, esto es, poner por delante del interés periodístico el respeto a la persona humana, en particular tratándose de menores de edad. La cuarta habla sobre la protección, o sea, el comunicador no va a exponer a otros seres humanos a daño, con tal de obtener la nota. La quinta es el compromiso, algo cada vez más escaso en el quehacer humano. Comprometerse con la institución a la cual se sirve, comprometerse con el país, y, sobre todo, comprometerse el periodista consigo mismo, con sus principios morales. La sexta norma corresponde a la aplicación de métodos dignos para la recopilación de la información; en este rubro llegamos a ver tantos abordajes tan poco dignos, que exponen y dañan a otras personas en el afán de obtener una nota. Y, por último, la séptima norma se refiere a la rectitud profesional; no venderse, no dejarse manipular por intereses ajenos a la verdad y el bien.
Restrepo habla sobre el amor como el comienzo de la ética, a través del respeto de la persona, tanto del periodista, como del abordado por la nota que se integra, y eventualmente respeto por el futuro lector de dicha nota. Llama a la reflexión en el ejercicio periodístico.
El catedrático colombiano falleció en el 2019, pero de alguna manera dejó previsto lo que estaría ocurriendo en estos últimos años con la inteligencia artificial. Nos puso sobre aviso con relación a las prácticas de manipulación de imágenes y de encuestas, encaminadas a alterar o suprimir la verdad, situaciones que se vienen cumpliendo en estos tiempos. Sus recomendaciones como catedrático siempre fueron hacer planteamientos respetuosos, íntegros y certeros en la labor periodística, con el objeto de trazar y acompañar por las vías que conducen a la excelencia profesional.
Gran parte de las notas que circulan actualmente tienden a generar polarización e indiferencia. El video del homicida de Teotihuacán da cuenta de la carga de profundo resentimiento que lo movió a atacar a turistas extranjeros, personas totalmente inocentes que visitaban nuestro país. Sus palabras se perciben cargadas de un odio profundo hacia quienes coincidieron con él en ese punto geográfico, pero muy en particular contra los que venían de otros países.
Para muestra de lo que la circulación de información carente de ética y sentido humano llega a generar, queda este lamentable episodio, a unas cuantas semanas del inicio del Mundial. Es una nota que desalienta, que confronta y poco favorece a la conformación de sociedades justas y sensatas, como las que los mexicanos aspiramos construir para nuestros hijos y nietos.
PEQUEÑO RECONOCIMIENTO
María del Carmen Maqueo Garza
La enfermedad nos coloca frente a una realidad única: Nuestra condición de mortales. Desde que nacemos somos proclives a enfermar, pero conforme nuestra edad avanza, esa posibilidad va en aumento.
Esta semana estuve en la Clínica de Alta Especialidad UMAE 34 del IMSS en Monterrey, Nuevo León. Ahí me realizaron varios estudios de laboratorio y gabinete, y consulta médica. Los especialistas buscaban descartar una condición preocupante que, para mi fortuna, finalmente se eliminó del panorama diagnóstico. Ahora bien, como experiencia integral fue interesante en muchos aspectos. Es de lo que quiero hablar hoy.
Esta Unidad Médica de Alta Especialidad fue inaugurada en 1995. Tiene un diseño funcionalista que me recuerda el estilo de Luis Barragán, con sus colores rosa y ocre, y atmósferas de doble altura que proporcionan amplitud. El estilo arquitectónico rompe, definitivamente, con el tradicional de unidades hospitalarias del Seguro Social. Forma parte de un complejo inmobiliario que comprende, además, un edificio administrativo y una unidad de Medicina Familiar. Todos ellos revestidos con ladrillo de fachada. Al frente de la UMAE destaca una escultura metálica monumental de forma cúbica, elaborada en varios planos, que representa un grupo humano, y en la de Medicina Familiar se aprecia la clásica madre amamantando al niño, protegida por el águila, símbolo del IMSS, del escultor neoleonés Federico Cantú Garza.
Desde que se accede a la explanada se observa un contraste entre personas que ingresan a consulta y otras más que, supongo, son familiares de pacientes hospitalizados, y que toman pequeños espacios o resquicios del exterior del inmueble para descansar un poco, algunos de ellos recostados directamente sobre el cemento que se extiende por la explanada y escaleras exteriores. En la puerta principal existen dos mesas de registro en las cuales los vigilantes indican a los recién llegados escribir nombre y motivo de ingreso, y revisan bolsos y mochilas.
Una vez sorteado ese punto se accede a espacios amplios, bien cuidados, muy limpios y perfectamente señalizados, que albergan las áreas de consulta y diversos gabinetes de estudio de enfermedades de corazón y pulmones. Todo es luminoso y bien ventilado, con un jardín interior en la planta superior que da gran vida a los espacios. Es sencillo localizar el servicio que se está buscando. Dado que me fueron solicitados varios estudios de laboratorio y gabinete, y luego la consulta, pude recorrer todas las áreas del edificio destinado a la atención ambulatoria. Las unidades de Terapia Intensiva y Hospital se hallan muy independientes de todo esto.
Las amplias salas de espera me dieron oportunidad de llevar a cabo un ejercicio de introspección personal, al tener frente a mí las muy diversas facetas de la vida humana, y en forma particular, cuando esa vida es atravesada por la enfermedad. Cómo lo toma cada paciente, algunos reflejando la crisis en que los coloca la enfermedad, otros más dejando ver cómo se mantienen fuertes ante el mal físico, y algunos dan cuenta de lo desesperanzador que llega a ser un diagnóstico. Ese hospital logra generar una integración espiritual. Surge la alegría, como fue mi caso, de un diagnóstico que se descarta, y que en otros casos lleva a un llanto hondo que nadie condena ni mira de soslayo. Hay una convergencia de humanidades benévola y arropadora.
La UMAE 34 ha ganado varios premios, tanto por su calidad administrativa, como por su servicio médico y la excelencia de su personal en el trato al paciente, como si cada trabajador de las distintas categorías se mantuviera consciente de dar lo mejor, adaptándose a las necesidades personales de cada paciente.
El dolor humano es uno solo, pero se despliega en modalidades muy diversas. Ante una enfermedad que se presume catastrófica llegan sentimientos como la angustia y el temor, frente a un panorama incierto que nos hace temer por la vida, por las limitaciones que puedan desarrollarse, o bien, ante el sufrimiento que llegasen a padecer nuestros seres queridos. Son momentos críticos que a cualquiera cimbran.
¡Qué maravilla que contemos con espacios de atención médica dignos, completos y reconfortantes para esos trances de la vida! Espacios como esta unidad médica que facilitan los trámites y los procesos de interiorización personales. Maravilloso descubrir que ahí existen trabajadores de distintas categorías que actúan por convicción, más que por obligación contractual. Y así como en diversas ocasiones he señalado errores de nuestro sistema de gobierno, esta vez aplaudo la calidad y calidez de un hospital del IMSS, que facilita al paciente y a sus familiares enfrentar un quebranto de salud. ¡Como derechohabiente agradezco y reconozco su magnífica labor!
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MONSIVÁIS Y LA SOLIDARIDAD
María del Carmen Maqueo Garza
Cuando esto escribo vengo regresando de entregar una papelería en un hospital del IMSS. Estos trámites, habitualmente, tardan un rato, por lo que suelo cargar con uno de mis libros “de bolsillo”, poco más grande que un teléfono celular, que cabe perfectamente en mi bolso de mano. Hoy me acompañó “No sin nosotros” del genio de la crónica Carlos Monsiváis.
La obra comienza con escenas del terremoto de 1985, que, a quienes tenemos edad para haberlo vivido siendo adultos, nos recordará una sola palabra que campeó por todo México. La palabra es “solidaridad”.
Monsiváis hace referencia a las condiciones en que se encontraba el país previo al terremoto, fundamentalmente desde 1952, atravesando períodos en los que el gobierno en turno ⸺en esos tiempos el PRI⸺ se las ingeniaba para controlar lo que ocurría en política a todos los niveles. Viene hablando de la inconformidad que se percibía entre la población en general, y las medidas coercitivas que llegaban a ser aplicadas hacia quienes se manifestaran en contra del sistema. Al inicio de la crónica vienen unas palabras que dan cuenta, acertadamente, del efecto que provocó en la población mexicana la llegada del sismo. Transcribo: “Por vez primera, sobre la marcha y organizadamente los que protestan se abocan a la solución y no a la espera melancólica de la solución de los problemas”. Dando cuenta de que representaba un parteaguas en tiempos en los que el civismo estaba convertido en poco más que una materia olvidada en los libros escolares.
Mi experiencia personal durante el sismo puedo recordarla como si la viviera en estos momentos: En la universidad en la cual formaba parte del profesorado, organizamos una recolección de alimentos no perecederos, medicamentos y ropa, para ser enviados a la hoy Ciudad de México. A pesar de la distancia entre ese punto geográfico y la franja fronteriza norte donde vivo, directivos, maestros y alumnos de la universidad nos organizamos para reunir y enviar ayuda en especie a través del DIF municipal. Las estaciones radiofónicas de la localidad brindaron un apoyo total para la difusión de la colecta, instando a los pobladores a llevar ayuda material. Era muy conmovedor ver llegar a familias completas con bolsas de mandado para apoyar la recolección. Incluso una tienda comercial del otro lado de la frontera contribuyó con un generoso donativo de alimentos enlatados. La información de lo que sucedía en la capital del país la recibíamos fundamentalmente a través de la televisión en cadena nacional. Permanecíamos vigilantes, en particular quienes teníamos familiares o conocidos que pudieran haber sufrido a causa del evento. A lo largo del día aparecían interminables listas en blanco y negro con nombres de personas sobrevivientes. Cualquier otro medio de comunicación estuvo caído durante los primeros días después del sismo y de su gran réplica 24 horas después.
Regresando a Monsiváis: Habla de la banalidad del gobierno frente al sismo, y de cómo desde la presidencia quisieron desanimar las iniciativas ciudadanas de participación, lo que no hizo más que alentar a la sociedad civil para redoblar sus esfuerzos. Se vencieron resistencias, se superaron miedos y en ese ánimo los capitalinos se lanzaron en cuadrillas que ellos mismos organizaron, a remover escombros en busca de sobrevivientes.
Dentro de ese mismo contexto Monsiváis habla sobre la matanza ocurrida en la Ciudad de México en el llamado “Halconazo” o “Jueves de Corpus” en julio de 1971. Alrededor de mil jóvenes habían sido capacitados como “Halcones”, paramilitares que atacaron a los estudiantes que se manifestaban de manera pacífica en apoyo a la UANL y a favor de la autonomía universitaria, lo que dejó alrededor de 225 muertos. Ese grupo de halcones en algo me recuerda a los jóvenes del bloque negro que a últimas fechas ataca durante marchas pacíficas.
Cuando los ciudadanos nos organizamos para emprender acciones de resistencia civil, no hay fuerza que nos contenga. El sismo del 85 hermanó a todos los mexicanos, desde cualquier rincón, en una misma causa, sintiendo que el dolor de los afectados era también nuestro dolor, y que debíamos de actuar para resolverlo.
Como sociedad hemos perdido mucha de la empatía que anteriormente nos caracterizaba, sumidos cada uno en su propia burbuja digital, con los sentidos aprisionados. Primamos nuestra satisfacción inmediata y absoluta, hasta de nimiedades, por encima de las urgentes necesidades vitales de nuestros hermanos. Quisiera tener de regreso entre nosotros a Carlos Monsiváis, para que dé un vistazo a nuestra sociedad mexicana del tercer milenio y nos desglose, uno a uno, los hilos que conforman esa madeja de terrible aislamiento progresivo que nos ha vuelto tan indiferentes unos con otros.
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COMO ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO
María del Carmen Maqueo Garza
No deja de sorprenderme el poder de las redes sociales en nuestro mundo, muy en particular entre aquellos segmentos de la población que no tienen acceso a desarrollar elementos de juicio más allá de lo que aparece en pantallas.
Mi señor padre fue un brillante calculista que amaba las matemáticas. Supongo que fue a partir de esa afición suya que, siendo yo bastante pequeña, me regaló el libro de “Alicia en el país de las maravillas” del también matemático Lewis Carroll. Lo leí y debo confesar que no me encantó, sin embargo, no me atreví a manifestarlo ante mi padre, porque así eran las cosas en ese tiempo, los hijos no contradecían a los padres, además de que lo habría desencantado. Años después encontré en alguna librería “Alicia a través del espejo”, del mismo autor, ese libro sí me gustó y, hasta la fecha, me ha servido de metáfora en diversas ocasiones. Justo ahora lo vuelvo a traer a colación para dar título a la presente colaboración cuyo contenido va como aquí les cuento:
Ceci Flores se ha convertido en el ejemplo de las madres buscadoras en México. Durante siete años anduvo buscando a su hijo desaparecido. Ante la falta de indicios de que estuviera con vida, se lanzó a excavar con pico y pala en predios de Sonora y estados aledaños.
Hace algunas semanas halló lo que para ella eran los restos mortales de su hijo. Esperó a que la autoridad correspondiente lo verificara. Cuando ya tuvo la confirmación, pudo finalmente depositar esos restos en su tierra. Luego de ello subió a su cuenta de X un video en el cual expresa su tranquilidad por haberlos encontrado y su agradecimiento a quienes le han acompañado durante estos siete años. Agradeció también a las autoridades, aun cuando, recordaremos, los dos últimos presidentes se han negado a recibirla en Palacio.
Su tuit me inspiró para dedicar a su persona mi colaboración del pasado día 5, publicada en varios periódicos regionales. Le marqué copia a Ceci en su cuenta de X @CeciPatriciaF. Luego me llegó un par de notificaciones por la misma vía, que me permito transcribir textualmente, para evitar sesgos de interpretación. La primera respuesta a mi comentario para Ceci arrobándonos a ella y a mí expresa: ”Híjole creo el mundo está al revés admirando y exaltando a sicarios y delincuentes? Que mi…a es esta”. El segundo tuit, nuevamente como respuesta para Ceci y para mí, a la letra dice: “Porque admiras narcotraficantes?”. Me he permitido reproducir de forma casi íntegra la redacción de ambos tuits, incluyendo erratas, con excepción de una palabra soez utilizada por uno de los tuiteros, que solamente he insinuado, ya que no encuentro de buen gusto reproducirla tal cual en este espacio.
En fin, vamos ahora al fondo del asunto: De los dos tuiteros uno tiene quince seguidores y el otro tiene diez; revisando las publicaciones de uno y otro, a vuelo de pájaro se detecta que ambos apoyan incondicionalmente a la 4T. Pero ¿qué va de sus convicciones personales ⸺muy respetables⸺, a calificar como sicarios, delincuentes y narcotraficantes a los buscadores de desaparecidos, o denostar las palabras de una madre que expresa su gratitud tras haber encontrado los restos mortales de su hijo?
Regresando entonces al inicio de mi colaboración: Este México que vivimos, a ratos me evoca a Alicia, ese personaje que cruza el espejo y comienza a ver todo al revés de como es en la vida real. Descubre una realidad que no logra bien descifrar. El narrador lo expresa con estas palabras: —Como se ve, no estaba dispuesta a reconocer, ni siquiera a sí misma, que no había entendido ni jota—. Algo así me parece que sucede con quienes utilizan las redes sociales simplemente para dar la contra. Una cosa es que Ceci Flores tenga toda su vida de buscadora clamando el apoyo gubernamental que hasta ahora no ha obtenido, y otra muy distinta insinuar que se dedica al crimen organizado, como estos dos tuiteros pretenden señalar.
A propósito de sus reacciones descabelladas, habrá que decir: En 1965 la UNESCO definió la alfabetización como algo más que la capacidad de leer y escribir, y acuñó el término “analfabetismo funcional” como la incapacidad para participar en la vida económica, social y tecnológica, aun cuando se domine la lecto-escritura. La UNESCO ha continuado sus evaluaciones según apunta el documento del 2023 intitulado “Alfabetización y educación. Lecciones desde la práctica innovadora en América Latina y el Caribe”. Habrá que revisarlo para determinar cómo se mide el contraste entre lecto-escritura formal y la que se lleva a cabo solamente en redes, por ende, imprecisa. Quien no se documenta más allá, poco puede esgrimir
Comunicarse implica saber defender lo propio y cuestionar lo contrario de modo civilizado, no mediante bufidos digitales.