La Vanidad y Orgullo se relacionan estrechamente, pero son conceptos distintos. Arthur Schopenhauer, 1788-1860, filósofo alemán consideraba la vanidad como una debilidad del carácter humano: la veía como una forma de dependencia de la opinión ajena y un obstáculo para la verdadera libertad interior. Para él, la vanidad era un vicio ligado al egoísmo y a la ilusión, pues hacía que las personas buscaran reconocimiento externo en lugar de cultivar la autenticidad y la virtud. Según la RAE, es un sinónimo de arrogancia, presunción (ser presumido) y envanecimiento. El origen de la palabra vanidad se remonta a la vez del latín vanitas («fraude». «apariencia engañosa») derivada de vanus («hueco», «vacío» o «vano»). De modo que, la vanidad tiene que ver con la valoración de la apariencia, de lo superficial y lo efímero, o sea de las cosas menos importantes. Ariostóteles (385-223) calificaba a los vanidosos de necios e ignorantes que «se adornan con ropas, aderezos y cosas semejantes, y desean que su buena fortuna sea conocida por todos y hablan de ella creyendo que serán honrados. Honoré de Balzac, novelista francés del siglo XIX, manifestó que hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir. Hay que tener en cuenta que la persona vanidosa no nace, sino que se hace. En este caso, el estilo de crianza y las experiencias durante la infancia juegan un rol importante. Orgullo, es un sentimiento positivo que surge de la realización personal y de la autoestima. Se relaciona con la satisfacción por los logros y la confianza de uno mismo. El orgullo puede motivar a las personas a alcanzar nuevas metas y es considerado constructivo y positivo. El orgullo puede estar relacionado con aspectos personales, como el éxito en el trabajo ( la familia o incluso la cultura y la identidad de una persona) lo que impulsa a una persona a dar de sí lo mejor. Por otro lado, cuando se convierte en una forma de arrogancia, puede alienar a los demás y crear conflictos en las relaciones interpersonales. John C. Maxwell, escritor, orador,.pastor estadounidense, menciona que hay dos tipos de orgullo, bueno y malo. El «buen orgullo representa nuestra dignidad» y la autoestima. El «orgullo malo» es el pecado mortal de la superioridad que huele a presunción y arrogancia. El orgullo, como esa emoción y satisfacción por lo que somos, tenemos y hemos logrado, es natural en todo individuo. No obstante, cuando se convierte en una actitud arrogante que desprecia y humilla a los demás, deja de ser una cualidad normal para convertirse en un problema. Reconocer las fronteras entre el orgullo sano y destructivo es clave para crecer como personas y compartir nuestros éxitos con los demás sin ser demasiado engreído. Este sentimiento no puede ser una barrera que nos separe de nuestros amigos, colegas o familiares.
Jane Austen: «La vanidad y el orgullo son cosas distintas, aunque muchas veces se usan como sinónimos. El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensaran de nosotros».
Dr. Efraín Regalado Sánchez


